De padres, José, Josefas, Mª Josés y otros compuestos del comúnmente conocido como Pepe o Pepa. Felicidades a todos ellos. El 19 de Marzo es el Día del Padre por antonomasia. Aunque muchos lo consideren un reclamo más de las grandes superficies comerciales. Yo creo que, en este caso, es bien merecido regalar. Cuesta bien poco.
Todo el que es padre o madre sabe que ejercemos dicho rol durante todo el año. Que el sacrificio que se hace por los hijos es en todos los sentidos, lugares y momentos de la vida. Y que por otro lado, el amor de padre a hijo es incondicional. No así al contrario. Dicen que un padre es para mil hijos y que un hijo no -siempre- es para un padre.
Es por este motivo por el que a mí me gusta este día. Porque considero que aunque uno sea padre siempre, este día es un buen motivo pra hacerle un homenaje. Y no me refiero a comprar un artículo por obligación, sino a dedicarles algo de nuestro tiempo. A ofrecerles nuestra compañía o al menos nuestra atención por unas horas. No más.
Yo creo que un padre es feliz -simplemente- al lado de sus hijos. Y eso no siempre es posible. La vida actual hace difícil las relaciones familiares, en muchos casos. Por eso, el 19 de marzo es una excusa para festejar que alguien un día nos dio la vida. Y nos ofreció todo lo que tenía a su alcance. De la mejor manera que sabía, aunque -en ocasiones- se equivocase.
Esta semana mi hija le preparó en la guardería su primer regalo para el Día del Padre. Durante todos estos días me mantenía informada de cómo iban sus trabajos y me pedía que mantuviera el secreto. Ayer venía con su regalo bajo el brazo con la mayor de sus sonrisas. Y su padre hoy ha recibido el mejor de los obsequios. El amor de su hija.