Qué hacer con el velo

Mucho se ha hablado durante las últimas semanas sobre el caso de Najwa Malha, la joven muchacha a la que se prohibió ir con hiyab a un colegio de Pozuelo que, por cierto, ya ha sido readmitida. Una cuestión peliaguda esta del velo islámico pero que no me ha dejado indiferente. Intentaré razonar el por qué de mi opinión.

Entiendo que el que una mujer lleve un pañuelo en la cabeza es una tradición musulmana y que como religión que es ha de pertenecer al ámbito de lo privado e íntimo de las personas. Desde este punto de vista es una manifestación de una decisión tomada, en principio, de manera individual y libre. Si fuere así, no debería importar a nadie.

En la religión católica hay diversas manifestaciones estéticas que afectan a determinados fieles, como las monjas y los curas. En este caso, ni son vetados en los escenarios públicos ni nadie los juzga por ir así vestidos. Por esta razón, defendería el derecho que tienen todas las personas a profesar libremente sus religiones con todo lo que eso conlleva.

Sin embargo, la cuestión no es tan sencilla de dilucidar. Por un lado, existe el derecho del colegio madrileño de prohibir este tipo de atuendo. Y este derecho debería prevalecer por encima de cualquier otro. Y es por eso por lo que la familia de la joven debería haber acatado la norma sin más. Igual que se atienden otras de comportamiento o conducta.

Por otro lado, considero que el velo es un signo que diferencia de manera evidente a hombres y mujeres. Y es en este sentido en el que difiero del derecho universal a la privacidad. Considero que los derechos humanos están por encima de todo. Y que es inconcebible que -viviendo en una sociedad democrática occidental- se toleren manifestaciones que van asociadas a creencias que van en claro detrimento de la mujer. 

30-Abril-2010, publicado por admin

La palabra

Hoy, Sant Jordi, se hace necesario rendir un homenaje al libro, pero en esta ocasión me referiré más concretamente a las palabras que se acumulan en sus páginas. Un homenaje a las palabras que forman las frases corrientes de cada día, a las que componen discursos de calado político, a las que hacen literatura. A las que nos hacen más libres.

Es la palabra la representación gráfica de la hablada. Y tiene muchas acepciones. Decimos “buenas palabras” cuando queremos conquistar a nuestro interlocutor. Aseveramos “te doy mi palabra” para hacer valer nuestro honor. Es el Evangelio quien nos propone la ”palabra de Dios” y “concedemos la palabra” a quien por derecho hace uso de ella.

Convertimos a las palabras en objetos que manejamos a nuestro antojo. Pondré varios ejemplos con la palabra “palabra”. “Te cojo la palabra”, “te quito la palabra”, “te pido la palabra”, “he cruzado una palabra”, “se come las palabras”, “le he dejado con la palabra en la boca”, “dijo la última palabra”, “medimos las palabras” o lo “resumimos en una palabra”.

Usamos comunmente expresiones cuyas protagonistas son las palabras. “No tenemos palabras” cuando sentimos una emoción incontenible. Tienen “facilidad de palabra” los que se expresan con ligereza y precisión. Hacen “juegos de palabras” quienes dominan la lengua y son unos virtuosos de ella. Y otros, sin embargo, “no dicen ni media palabra”.

Son muchas las palabras que posee nuestro idioma -rico y repleto de significados-. Son pocos los privilegiados que nos deleitan con ellas. Son infinitas las posibilidades que nos aportan. En un día como hoy animo a todos a que se beban las palabras de cualquier libro, las saboreen, las degusten, las traguen, las digieran y les den vida.

23-Abril-2010, publicado por admin

Elegir colegio

De la difícil tarea de elegir colegio para tu primer hijo. De eso va el ‘post’ de hoy. Supongo que para los segundos, la decisión es más sencilla porque -al menos- tienes la experiencia del primogénito. Una nueva etapa en ciernes. Da vértigo, a ella y a nosotros los padres. Es el salto a la socialización. La expulsión del nido a la vida real, con todo lo que eso conlleva.

Complicada elección aunque tengas claro lo que quieres o más bien lo que no quieres. Una tiene miedo a equivocarse. Y es por eso por lo que no es una resolución que se pueda tomar a la ligera. Llevamos meses dándole vueltas a la cabeza. Sorteando las opciones que se nos plantean y elucubrando cuál será la mejor.

Son muchos los factores que influyen en esta peliaguda búsqueda. Sé que algunos padres no dan tantas vueltas. De hecho, la mayoría de los que conozco no se complican demasiado. Les llevan al colegio público que les corresponde por zona y listo. Quizás sea lo debido, confiar en la educación pública. No juzgo a quien así lo resuelve.

Lo cierto es que yo me planteo algo más. Un colegio no es un lugar que te viene bien porque está al paso, en el que los niños “sólo juegan” durante los primeros años. Creo que la educación es la base de lo que somos. Y esos pilares se adquieren desde el principio. Cuanto antes mejor. Igual que los hijos son un reflejo de sus padres, también lo son de los condicionantes socioculturales que les rodean.

No entiendo por educación sólo la cuestión académica -que también- sino la preparación cívica y moral para la vida. Por eso valoro el nivel (como la nota media que obtienen en pruebas objetivas), la educación en valores, la enseñanza en idiomas, las posibilidades de aprender otras disciplinas, las instalaciones… etc. Es mucho lo que nos jugamos, aunque no me olvido de que la familia es el otro pilar fundamental que ha de guiarle como ejemplo.

16-Abril-2010, publicado por admin

La siberia

Han pasado dos semanas desde mi última reflexión aquí en el mentidero. La razón es que ha habido un cambio en la rutina de mi vida: las vacaciones de Semana Santa. El viernes pasado una -y toda su familia- estaba en la Siberia. Para todos los que no me conozcan que no se asusten. Ya me hubiera gustado visitar la Rusia oriental, pero no.

Me refiero a la siberia extremeña.  Situada al noroeste de la provincia de Badajoz, supongo que por su nombre ha de tener muchas características comunes con la rusa. Como que es una de las zonas más despobladas del país. Sus vías de comunicación siguen siendo -incluso hoy- casi tercermundistas. Ese aislamiento es lo que hace que peculiar -a mi juicio claro-.

Son el Guadiana y el Zújar los ríos que atraviesan la comarca y que hacen que su paraje sea inconfundible. Vastos pantanos aplastan las tierras abrasadas por un sol atroz. Las cigüeñas anidan en cada campanario de esos pequeños pueblos. Y los ciervos inundan los montes que -aunque no se crea- rodean las presas de Cijara y García Solá.

Una veintena de pueblos jalonan la comarca. Tiñen de blanco las sierras calizas aportando la frescura de su luz y de sus gentes. Personas sencillas y felices habitan las calles alborotadas. Corrillos humanos comentan cómo va la recogida de la aceituna, a cuánto se paga este año. Otros trabajan las tierras, que son pastos de las ovejas.

Tierra de conquistadores antaño, ahora olvidada. Los días agotan la vida de los pequeños pueblos. Sólo nos queda el recuerdo de lo que fue. Recuerdos caprichosos. De olores. De gustos. De sonidos. Con olor a picón en invierno y el ruido de la chicharra en verano. Con sabor a caldereta y a cerdo. A migas y a ajoblanco. Extremeños.

10-Abril-2010, publicado por admin

“Pájaros de papel”

Tenía ganas de ver “Pájaros de papel”. Quizás porque me encanta Imanol Arias y quería verle de nuevo en la gran pantalla. Ya sé que Imanol tiene una larga trayectoria cinematográfica, pero lo cierto es que a estas alturas de su carrera me resulta difícil disociarle de su personaje de Antonio Alcántara en la serie televisiva “Cuéntame”.

Por otro lado, había que concederle el beneficio de la duda a Emilio Aragón. Y así lo he hecho. Su ópera prima emociona. Quizás sea simplista decir esto, pero es lo que en mí ha conseguido. Es una historia con tintes de tragicomedia pero con un trasfondo personal que a todos nos conmueve. Llega a un público mayoritario. Eso sí.

Quizás la crítica negativa sea esa. Pero tampoco se le puede reprochar al novel director.  Muy bien escogidos el elenco de actores. Y mejor sus interpretaciones. Lluis Homar e Imanol Arias están -a mi juicio- muy acertados en sus papeles y también Roger Princep, el simpático chiquillo que añade la nota sensible a la narración.

Por otro lado, no podemos olvidar que la película recuerda a muchas otras. Que esta historia y esta trama ya las hemos visto. Y que la tan recurrida guerra civil ya es una constante de nuestro cine. Que es muy fácil acudir a la posguerra y posicionar a los buenos y a los malos. Y -en este sentido- peca de maniquea, aunque, como muchas otras, claro.

Con todo, deja un buen sabor de boca o al menos a mí me lo dejó. La combinación de la sonrisa y la lágrima es una buena simbiosis. Y el director saca provecho de ello. La recomiendo para todos los que quieran pasar un rato agradable. A fin de cuentas se palpa el tono cercano y cariñoso de la familia Aragón. Aunque supongo que eso es una opinión de cosecha propia.

26-Marzo-2010, publicado por admin