Crisis es la palabra que más se lee, pronuncia y oye en los últimos tiempos. Todo lo que nos rodea lo percibimos a través de un tupido velo que nos enturbia la mirada dejándola en penumbra. Y es que la crisis está ensombreciendo la vida de muchos.
No es un mito. Todavía se oye a la gente decir, ¿crisis? pero, ¿qué crisis si las tiendas están llenas de gente? Lo cierto es que Madrid en estos días es una olla en ebullición. Allá donde vayas encuentras aglomeraciones de gente pero, en realidad, ¿a dónde va esa gente?
Si te acercas al centro de la capital durante estas fechas probablemente acabarás volviendo a casa fatigado por las concentraciones de gente, exhausto por haber conseguido coger el transporte público que esperaste durante largo rato y que pudiste subir a costa de oprimir tu cuerpo con el de otro ciudadano.
Si has optado por adelantar algunos recados a los Reyes Magos, descubrirás que los pajes andan muy atareados en atender todas las demandas de los niños y si has entrado a tomar un tentempié caliente en algún bar cercano, lo habrás notado.
Lo que se nota es que la gente sale, pasea, se detiene ante los escaparates, deambula ante los mimos y se recrea observando la decoración navideña de la ciudad. Pero no gasta. O gasta poco. Es la filosofía de salir a dar una vuelta, de imbuirse del ambiente madrileño, sin más.
No son buenos tiempos para muchas familias que han visto menguar los ingresos de alguno de ellos. Todos conocemos o hemos vivido de primera mano historias que te hacen reflexionar sobre lo efímero de las situaciones económicas.
No quiero cerrar este “post” en un tono amargo porque estamos en vísperas de la Navidad. Sólo quiero apoyar a quienes sufren las inclemencias de esta devastadora crisis y solicitar -a quien pueda interesar- que se tomen medidas ya. Eficaes. Reales.