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Aula 2010. Una iniciativa del Ministerio de Educación que, en tiempos de crisis, no viene nada mal. A mí me hubiera gustado a cudir a un centro de orientación cuando, en su día, decidí estudiar la carrera de periodismo. Supongo que de algo servirá. Aunque, sólo sea para acercar el mundo laboral a los jóvenes que intentan elegir profesión.

Parece que la edición de este año tiene como objetivo promocionar los intercambios de estudiantes con otros de  países extranjeros y explicar en qué consiste la nueva prueba de acceso a la Universidad. Se intenta de este modo difundir la idea de que es necesario contar con, al menos, un idioma más para obtener un currículum completo.

Me parece interesante esta iniciativa y, sobre todo, poner al alcance de todos la oportunidad de adquirir no sólo conocimientos de otra lengua, sino la experiencia que se adquiere al vivir en otro país que no es el propio mientras se cursan distintos estudios, universitarios o no. Este punto es vital para la maduración del joven, creo yo.

Paralelamente, se celebra el Salón de Posgrado, dedicado a la formación de tercer ciclo. Una alternativa para quienes deciden enfocar su carrera profesional al mundo académico y de la investigación. Una opción que -por experiencia propia- no siempre conduce a los resultados esperados. Aunque tampoco trataré desde aquí de desmotivar a quien tome la iniciativa.

Con todo, creo que existe un gran problema en este país. No hay un ajuste entre el número de estudiantes que cada año salen de las universidades y los puestos profesionales que se ofrecen desde organismos públicos y privados. Ése es el verdadero problema. Hace años era suficiente una carrera para obtener un empleo de calidad, ahora, ni siquiera lo es tener un máster o un doctorado. En algo nos estamos equivocando.

Después de mucho tiempo he vuelto a ver la Gala de los Goya. Llevaba un par de años que no me sentaba delante del televisor para tragarme varias horas de bromas sin gracia por parte de los presentadores. Pero este año decidí que lo volvería a intentar. Quizás lo hice porque presentía que podía ser diferente.

Como digo, hace años, cuando iba al cine semanalmente y me sabía las nominaciones y -por supuesto- había visto todas las películas que optaban al galardón, nunca me perdía esta cita con el séptimo arte español. He de reconocer que este año, de las cuatro nominadas sólo había visto “El secreto de sus ojos”.

Sabía que “Celda 211″ partía como favorita y, como suele suceder en estos casos, así se constató al final. Nada menos que ocho estatuillas. Cuando el río suena en la Academia… casi nunca se equivoca. Sin embargo yo apostaba por la película de Campanella. Pero porque a mí me encanta este director. Todo lo que hace. No pudo ser.

Después del éxito asombroso de la película de Daniel Monzón, no tengo más obligación que verla. También es obvio reconocer que Luis Tosar borda ese tipo de papeles. Sólo he visto algunos trailers y lo cierto es que encaja al dedillo con el personaje. Tampoco me quiero perder “Ágora” que tiene que brillar en los aspectos técnicos.

Pero la nota de color de la gala, además de la estelar conducción de la misma por parte de Buenafuente, fue la aparición del más internacional de los cineastas españoles. Pedro Almodóvar reapareció tras seis años apartado de la Academia. Parece que Álex de la Iglesia se “curró” su presencia. Y una parte del sector del cine – ya se sabe, los amigos-, se lo han agradecido.

Y la nota rosa -cómo no- fue para la pareja del año, nuestra querida “Pe” que fue acompañada de Bardem. El mundo del colorín ha estado encantado toda la semana. Los programas de esta índole han cubierto su programación con los personajes que desfilaron por la alfombra verde. Pero esto ya es otro cuento. Que no quiero contar. Porque no me gusta “Pe”.

Un año más se celebra el aniversario de la Constitución española. Para mí es una grata sorpresa que durante estos días de puente festivo siga habiendo colas ante las puertas del Congreso, institución que simboliza para muchos de nosotros uno de los grandes pilares de nuestra democracia.

Bajo mi punto de vista es positivo que,  a pesar de la desidia que puedan transmitir algunas de las escenas cotidianas de sus señorías, las Cortes Generales sigan siendo objeto de interés para los españoles. Parece que más de nueve mil personas visitaron el hemiciclo en el primero de los días de puertas abiertas.

Insisto, creo que es una cifra muy buena si tenemos en cuenta las obras de las zonas aledañas a la Cámara Baja. A cambio de las molestias propias de las zanjas y vallas de los alrededores, los visitantes han podido ver el mosaico de mármol que se encuentra en la Sala de Isabel II y los retratos de los siete padres de la Constitución.

Lo verdaderamente importante es, que pese al mal tiempo y a las largas esperas, han sido muchos los que han optado por esta alternativa de ocio cultural. Eso me anima a pensar que todavía existen ideales y que la actividad política no enturbia la Carta Magna y lo que ella representa.

Quiero pensar eso y no que los que acuden al Congreso y al Senado son jubilados o turistas que acuden a las Cámaras por “echar el día” y recibir el regalo con que tradicionalmente obsequian las Cortes. Una es -en ocasiones- una idealista, aunque nunca pierda la mirada crítica.

Como cada viernes, me propongo hacer un análisis de algún asunto noticioso o curioso o simplemente una reflexión sobre cualquier aspecto de la vida que me parece susceptible de comentario crítico. En este “informe semanal” propio, hoy toca -como no podía ser menos- la despedida de dos grandes de nuestra cultura.

El lunes decíamos adiós a José Luis López Vázquez, un genio del cine donde los haya. Todos los que le despedían, amigos, seguidores y colegas de profesión coincidían en señalar la genialidad del artista y su destacado papel dentro de la filmografía española. No es para menos. Sus gestos, su risa y su mirada están en tantas imágenes…

En mi retina quedarán para siempre aquellas tensas escenas de “La cabina” o aquellas otras de la comedia ”Atraco a las tres”. Son sólo algunos ejemplos de su versatilidad como actor. Una cualidad que sólo los más destacados pueden ostentar. Por no hablar de su faceta en el teatro. El María Guerrero, donde debutó con “El anticuario,” le hizo su bien merecido homenaje póstumo.   

Una semana dura la que está finalizando. Un día después moría el académico, escritor, ensayista y sociólogo, Francisco Ayala. Un hombre que a sus 103 años había sido testigo de todo un siglo y miembro de la generación del 27, compartiendo pluma y pensamiento con otros de la altura de Alberti o García Lorca.

Por tanto hoy, tenemos motivos para estar tristes. Nuestra cultura se viste de luto por causas justificadas. Desde mi humilde rincón les doy mi más afectuoso pésame a las familias de ambos. Hemos perdido a dos grandes, de las artes y de las letras, pero su legado es tan ingente que siempre estarán entre nosotros.

En los últimos años, venimos adoptando distintas costumbres – principalmente de origen anglosajón- que aceptamos como propias. Afectan principalmente a los niños y los padres las asumimos porque pensamos que se trata de fiestas infantiles y no queremos desposeerles de las ilusiones de esta edad.

Primero fue Papá Noel o Santa Claus y últimamente se impone Halloween. Cuando esta semana me dijeron en la guardería de mi hija que hoy harían una fiesta por este motivo, me planteé el hecho en sí para ver de qué podía disfrazarla. Fue entonces cuando busqué el origen y significado de dicha festividad.

Para mí, nunca existió Halloween. Es más recuerdo que, durante mi infancia, cuando se acercaba el mes de noviembre se vivían unos días algo grises – y no sólo por el tiempo, que solía tener también ese color -. Mis padres compraban flores y quedaban con mis tíos para acercarse a los cementerios y arreglar las tumbas de nuestros abuelos.  

En la tradición cristiana, el 1 de noviembre es el Día de Todos los Santos y el día siguiente es el de Difuntos. Unas festividades -normalmente- vetadas a los más pequeños, por todo lo que implica el significado de la muerte pra un menor. Es un día en el que se acerca el mundo de los vivos al terreno de los muertos.

Halloween tiene su origen en una festividad céltica que deriva del irlandés y que significaba fin del verano. Los antiguos celtas creían que la línea que une a este mundo con el más allá se estrechaba con la llegada de esta fecha perminitendo a los espíritus pasar. Será a mediados del siglo XIX cuando EEUU hace propia dicha tradición y queda fuertemente arraigada en su sociedad.

Hoy es una de las fechas más importantes del calendario norteamericano y gracias a la influencia del cine y de la publicidad ha llegado a Europa y a los países de tradición cristiana. No me gusta celebrar así esta fecha. No es nuestra. Pero soy consciente de que EEUU está en nuestras vidas, aunque nos pese. Y no podemos volver la cara.