Hace poco más de una semana que el rey de España ha sido intervenido en el Hospital Clinic de Barcelona para extirparle un nódulo pulmonar. Todo pareció indicar que la operación resultó un éxito y que el monarca fue dado de alta dada su favorable recuperación. A su salida, Don Juan Carlos dijo que los españoles deberíamos estar orgullosos de la sanidad pública.
Bueno, más concretamente se refirió al equipo médico que le trató y a la sanidad pública de Cataluña y Madrid, para qué engañarnos. Lo cierto es que yo soy una de esas personas que siento el mismo parecer que el rey pero, sus palabras han tenido repercusión mediática como era de prever -por otro lado-.
Ya ha habido voces que apuntan que es cinismo hablar de orgullo de la sanidad pública, cuando Su Majestad fue operado por el equipo médico del servicio público, pero pasó sus horas de convalecencia en una habitación de la zona de privados del mismo hospital. Supongo que lo contrario hubiera sido una osadía.
A mi juicio, cualquier actuación por parte de la Casa del Rey hubiera causado controversia. Si hubiese ido a una clínica privada, al sector más crítico con la monarquía le hubiera faltado tiempo para censurar dicha decisión. Y como han hecho lo contrario, también parece susceptible de ser un acto hipócrita.
Lo cierto es que -a pesar de que no me considero monárquica concretamente- me parece un debate absurdo. Porque en el fondo no se pone en cuestión la decisión tomada por el monarca si no -una vez más- la conveniencia o no de la figura del Rey o de lo que en sí mismo representa. Creo que eso es otra historia.