Hoy, Sant Jordi, se hace necesario rendir un homenaje al libro, pero en esta ocasión me referiré más concretamente a las palabras que se acumulan en sus páginas. Un homenaje a las palabras que forman las frases corrientes de cada día, a las que componen discursos de calado político, a las que hacen literatura. A las que nos hacen más libres.
Es la palabra la representación gráfica de la hablada. Y tiene muchas acepciones. Decimos “buenas palabras” cuando queremos conquistar a nuestro interlocutor. Aseveramos “te doy mi palabra” para hacer valer nuestro honor. Es el Evangelio quien nos propone la ”palabra de Dios” y “concedemos la palabra” a quien por derecho hace uso de ella.
Convertimos a las palabras en objetos que manejamos a nuestro antojo. Pondré varios ejemplos con la palabra “palabra”. “Te cojo la palabra”, “te quito la palabra”, “te pido la palabra”, “he cruzado una palabra”, “se come las palabras”, “le he dejado con la palabra en la boca”, “dijo la última palabra”, “medimos las palabras” o lo “resumimos en una palabra”.
Usamos comunmente expresiones cuyas protagonistas son las palabras. “No tenemos palabras” cuando sentimos una emoción incontenible. Tienen “facilidad de palabra” los que se expresan con ligereza y precisión. Hacen “juegos de palabras” quienes dominan la lengua y son unos virtuosos de ella. Y otros, sin embargo, “no dicen ni media palabra”.
Son muchas las palabras que posee nuestro idioma -rico y repleto de significados-. Son pocos los privilegiados que nos deleitan con ellas. Son infinitas las posibilidades que nos aportan. En un día como hoy animo a todos a que se beban las palabras de cualquier libro, las saboreen, las degusten, las traguen, las digieran y les den vida.