Tenía ganas de ver “Pájaros de papel”. Quizás porque me encanta Imanol Arias y quería verle de nuevo en la gran pantalla. Ya sé que Imanol tiene una larga trayectoria cinematográfica, pero lo cierto es que a estas alturas de su carrera me resulta difícil disociarle de su personaje de Antonio Alcántara en la serie televisiva “Cuéntame”.
Por otro lado, había que concederle el beneficio de la duda a Emilio Aragón. Y así lo he hecho. Su ópera prima emociona. Quizás sea simplista decir esto, pero es lo que en mí ha conseguido. Es una historia con tintes de tragicomedia pero con un trasfondo personal que a todos nos conmueve. Llega a un público mayoritario. Eso sí.
Quizás la crítica negativa sea esa. Pero tampoco se le puede reprochar al novel director. Muy bien escogidos el elenco de actores. Y mejor sus interpretaciones. Lluis Homar e Imanol Arias están -a mi juicio- muy acertados en sus papeles y también Roger Princep, el simpático chiquillo que añade la nota sensible a la narración.
Por otro lado, no podemos olvidar que la película recuerda a muchas otras. Que esta historia y esta trama ya las hemos visto. Y que la tan recurrida guerra civil ya es una constante de nuestro cine. Que es muy fácil acudir a la posguerra y posicionar a los buenos y a los malos. Y -en este sentido- peca de maniquea, aunque, como muchas otras, claro.
Con todo, deja un buen sabor de boca o al menos a mí me lo dejó. La combinación de la sonrisa y la lágrima es una buena simbiosis. Y el director saca provecho de ello. La recomiendo para todos los que quieran pasar un rato agradable. A fin de cuentas se palpa el tono cercano y cariñoso de la familia Aragón. Aunque supongo que eso es una opinión de cosecha propia.