Por fin el fin
Pensé que nunca llegaría este momento. Por fin -después de cinco años de espera y molestas obras- los vecinos de las riberas del Manzanares podemos decir que disfrutamos de un paseo agradable a las orillas del río. Y en este largo plazo ha habido tiempo para casi todo.
Protestas de la opinión pública, de los barrios perjudicados, de los partidos de la oposición y un largo etcétera. También sectores a favor, todo hay que decirlo. Lo paradójico era que casi todos los madrileños hablaban -en buena medida mal- de la obra farónica del alcalde aunque no les afectase.
La que escribe ha sido una de las que se alegró en su día con la idea original y después sufrió las consecuencias de la misma. Y en todo este tiempo he pasado de estados de indignación al júbilo. De la desesperación a la satisfacción y del enojo a la emoción de ver el trabajo finalizado.
Por fin los dos barrios que antaño estaban separados por dos autopistas volvemos a estar conectados. Recuperamos el río y sus aledaños. Lo que antes tuvimos y nos arrebató alguien al que se le ocurrió la “brillante” idea de construir dos vías rápidas por casi el centro de la ciudad.
Después de todo -de los lamentos y las quejas- es de recibo reconocer que la obra ha merecido la pena. Que donde antes se respiraba humo ahora se inhala aire libre y donde antes había contaminación acústica ahora sólo se escuchan los gritos entusiastas de los niños y las conversaciones ociosas de los viandantes.


