Haití remueve conciencias
Una vez más uno de los países más pobres y desiguales del mundo sufre los estragos de la naturaleza. Esta vez el seísmo se ha cebado con Haití, el país con menor renta per cápita de América. No es casualidad que las catástrofes siempre se ceben con los menos favorecidos.
Ahora más que nunca los haitianos necesitan la ayuda de todos cuantos podamos ofrecer una brizna de nuestras acomodadas vidas. Sin embargo, mientras las organizaciones internacionales piden la colaboración ciudadana a nivel mundial, el aeropuerto de Puerto Príncipe está colapsado.
Parece que el espacio aéreo está colapsado de aviones cargados de ayuda humanitaria que no pueden aterrizar y mientras tanto en el suelo de la isla los supervivientes que se han quedado sin hogar se agolpan en estadios y parques en busca de refugio, alimentos y protección.
Han empezado los asaltos y saqueos a camiones de víveres porque son ya muchos días de calamidades. La desesperación y la impaciencia de los haitianos está empezando a cundir en una ciudad devastada en la que muchos intentan sobrevivir y otros recuperar a sus familias.
La agonía está servida. No hay más que ver las imágenes con las que nos deleitan nuestros telediarios en portada. Quizá sea la única manera de sensibilizarnos. Ver a los niños muertos tiene que removernos las conciencias. Y hacernos reflexionar por todo cuanto nos quejamos. Pienso que no nos merecemos lo que tenemos.


