Una travesura mediática
Un niño de seis años norteamericano se convirtió ayer en protagonista de muchos de los diarios televisados de todo el mundo. La noticia era que el chiquillo tripulaba solo un globo de gas que estaba en el jardín de su casa de Colorado. Las persecución de dicho transporte aéreo mantuvo en vilo a medio “globo” terráqueo.
El motivo de que hoy escriba aquí de este asunto no es querer contar una anécdota -por cierto- con final feliz. Ya que parece que el muchacho se escondió en el desván de su casa tras ser regañado por su padre. Sin embargo, sus progenitores pusieron en alerta a las autoridades cuando comprobaron que el globo había volado.
Parece que el padre le reprendió cuando el niño jugaba en el desván y poco después le perdió de vista. El incidente comenzó cuando un hermano del niño confesó que Falcon -así se llama el protagonista- se había metido en el globo y que éste había comenzado a ascender. Aquí saltaron las alarmas.
Las autoridades siguieron las pistas y pensaron que el chaval estaba a bordo del globo, razón por la que se inició su persecución. La peripecia terminó cuando el globo aterrizó sobre un campo abierto y se comprobó que el cesto estaba vacío. Y todos temimos por la vida del niño anónimo de Colorado.
Esta noticia constata cómo una travesura propia de la infancia puede acabar convirtiéndose en un fenómeno mediático internacional. La reflexión de hoy es sobre la capacidad de movilización que tienen los medios de comunicación. Y su influencia en sociedades bien distintas. ¿Alguien osa a creer todavía que la prensa no sea el cuarto poder?


