No entiendo de leyes. Considero que los menores son menores y por tal condición ha de educarles o reeducarles. También que toda persona tiene derecho a equivocarse. Y que a nadie se le puede negar una segunda oportunidad. Pero como toda regla deben existir excepciones.
En los últimos días -quizás sea una casualidad o quizás no- estamos asistiendo a hechos delictivos de agresiones sexuales perpetrados por menores contra otras menores. El asunto es de extrema gravedad. El fenómeno -a mi juicio- debería ser estudiado por sociólogos, psicólogos y/o juristas que pudieran dar respuesta a semejantes maneras de obrar.
Quiero pensar que para protagonizar ciertas conductas debe existir una perturbación o problema adquirido por las circunstancias sociopersonales de cada individualidad. Aunque eso -por supuesto- no sea excusa para delitos de tan alto calibre. La agresión sexual debería contemplarse como un quebrantamiento de la ley de rango superior.
Y en este punto entran en contradicción algunas cuestiones. Los menores que el pasado sábado violaron en Isla Cristina a una niña disminuida así como los que días antes hicieran lo propio en una localidad cordobesa serán internados en un Centro de Menores y se les aplicará la protección que corresponde a su edad.
Sin embargo, con la próxima ley del aborto, una menor dispondrá de plena capacidad para tomar personalmente - al margen de sus padres- decisiones muy duras. Creo que la convivencia de ambas circunstancias no es lógica. No se puede otorgar derechos a menores – creerles responsables de sus actos- y que al mismo tiempo se evadan sus responsabilidades en hechos delictivos por el mero hecho de ser menores. No es prudente.