Hace tiempo que abogué por el desarrollo tecnológico en aras de unas nostálgica permanencia por los medios tradicionales. Ya lo dije desde aquí en relación al libro electrónico. Y ahora lo hago -una vez más- en referencia a los medios de comunicación en general y -sobre todo- a los periódicos. Lo explicaré más adelante.

Tuve mis detractores y supongo que los seguiré teniendo. Porque son muchos los que se niegan a renunciar a lo de siempre. Y no se trata precisamente de ignorantes culturalmente hablando, sino ignorantes tal vez de la rapidez con la que avanza la tecnología. Este tiempo atrás leí que el propio Paul Auster, uno de los escritores norteamericanos de más éxito internacional, se negaba a asumir el cambio.

No podemos darle la espalda a la realidad. Y la realidad es que nuestras costumbres se están viendo modificadas cada día por el impacto de las nuevas tecnologías. Así lo presentaba la semana pasada el programa de TVE “Informe Semanal” titulado “La tormenta de papel”. Una tormenta que amenazaba con acabar con los periódicos de siempre basándose en la caída de las ventas de sus ejemplares en los quioscos.

Y es que aunque la crisis económica se esté cebando con los medios de comunicación en general es un hecho que el papel pierde peso cada día. Y no hay vuelta atrás. Como el libro, es evidente que periódico impreso y digital convivirán juntos algún tiempo -imposible de estimar- pero luego desaparecerá el primero y sólo quedará el segundo.

No es más que la evolución de las especies. Como ya decía Darwin sólo las que se adapten al cambio sobrevivirán. Desaparecen las barreras entre el tiempo y el espacio. El futuro es una nueva forma de leer porque existen otros hábitos de consumo de información. El receptor ya no se conforma sólo con leer, sino que también participa y se convierte en emisor. Es sin duda, la revolución digital.  

Aula 2010. Una iniciativa del Ministerio de Educación que, en tiempos de crisis, no viene nada mal. A mí me hubiera gustado a cudir a un centro de orientación cuando, en su día, decidí estudiar la carrera de periodismo. Supongo que de algo servirá. Aunque, sólo sea para acercar el mundo laboral a los jóvenes que intentan elegir profesión.

Parece que la edición de este año tiene como objetivo promocionar los intercambios de estudiantes con otros de  países extranjeros y explicar en qué consiste la nueva prueba de acceso a la Universidad. Se intenta de este modo difundir la idea de que es necesario contar con, al menos, un idioma más para obtener un currículum completo.

Me parece interesante esta iniciativa y, sobre todo, poner al alcance de todos la oportunidad de adquirir no sólo conocimientos de otra lengua, sino la experiencia que se adquiere al vivir en otro país que no es el propio mientras se cursan distintos estudios, universitarios o no. Este punto es vital para la maduración del joven, creo yo.

Paralelamente, se celebra el Salón de Posgrado, dedicado a la formación de tercer ciclo. Una alternativa para quienes deciden enfocar su carrera profesional al mundo académico y de la investigación. Una opción que -por experiencia propia- no siempre conduce a los resultados esperados. Aunque tampoco trataré desde aquí de desmotivar a quien tome la iniciativa.

Con todo, creo que existe un gran problema en este país. No hay un ajuste entre el número de estudiantes que cada año salen de las universidades y los puestos profesionales que se ofrecen desde organismos públicos y privados. Ése es el verdadero problema. Hace años era suficiente una carrera para obtener un empleo de calidad, ahora, ni siquiera lo es tener un máster o un doctorado. En algo nos estamos equivocando.

Después de mucho tiempo he vuelto a ver la Gala de los Goya. Llevaba un par de años que no me sentaba delante del televisor para tragarme varias horas de bromas sin gracia por parte de los presentadores. Pero este año decidí que lo volvería a intentar. Quizás lo hice porque presentía que podía ser diferente.

Como digo, hace años, cuando iba al cine semanalmente y me sabía las nominaciones y -por supuesto- había visto todas las películas que optaban al galardón, nunca me perdía esta cita con el séptimo arte español. He de reconocer que este año, de las cuatro nominadas sólo había visto “El secreto de sus ojos”.

Sabía que “Celda 211″ partía como favorita y, como suele suceder en estos casos, así se constató al final. Nada menos que ocho estatuillas. Cuando el río suena en la Academia… casi nunca se equivoca. Sin embargo yo apostaba por la película de Campanella. Pero porque a mí me encanta este director. Todo lo que hace. No pudo ser.

Después del éxito asombroso de la película de Daniel Monzón, no tengo más obligación que verla. También es obvio reconocer que Luis Tosar borda ese tipo de papeles. Sólo he visto algunos trailers y lo cierto es que encaja al dedillo con el personaje. Tampoco me quiero perder “Ágora” que tiene que brillar en los aspectos técnicos.

Pero la nota de color de la gala, además de la estelar conducción de la misma por parte de Buenafuente, fue la aparición del más internacional de los cineastas españoles. Pedro Almodóvar reapareció tras seis años apartado de la Academia. Parece que Álex de la Iglesia se “curró” su presencia. Y una parte del sector del cine – ya se sabe, los amigos-, se lo han agradecido.

Y la nota rosa -cómo no- fue para la pareja del año, nuestra querida “Pe” que fue acompañada de Bardem. El mundo del colorín ha estado encantado toda la semana. Los programas de esta índole han cubierto su programación con los personajes que desfilaron por la alfombra verde. Pero esto ya es otro cuento. Que no quiero contar. Porque no me gusta “Pe”.

Parece que a Jaime de Marichalar ya no le quieren ni en el Museo de Cera de Madrid. Lo que son las cosas, cuando el ex marido de la infanta Elena fue presentado públicamente, no hubo más que halagos hacia su persona. Y ahora, no sólo nadie le apoya sino que tampoco hay alguien que salga en su defensa.

Desde que el pasado 21 de enero se divorciaran oficialmente, se han sucedido distintos hechos que ponen de manifiesto que la Casa Real no admite a intrusos. Le han hecho desaparecer de la foto de la Familia que representa a la Institución y ahora su imagen deja de existir públicamente.

La Corona no se anda con chiquitas. Ha dejado claro quién es quién y ha puesto a cada uno en su lugar. Marichalar vuelve a ser quien en un origen fue, un plebeyo más. Pierde sus privilegios como consorte de una infanta y -por su puesto- el título de duque de Lugo. Al César lo que es del César.

No me parecen mal las medidas adoptadas, incluso me parecen justas. Bastante tenemos los españoles con mantener a una Familia Real, así que cuantos menos miembros sean, mucho mejor. De hecho, no creo que el padre de los nietos del Rey sea privado de todo privilegio. Seguro que alguno más que yo, tiene.

No me da pena en absoluto. Lo que me sorprende es cómo los medios de comunicación pueden hacer campaña por alguien en un momento de su vida -su presentación en sociedad y su boda- y poco después desprestigiarle por completo. Va a ser verdad que existe un empeño cortesano de agradar a la Corona, pase lo que pase.

El otro día vi en la primera-en uno de los pocos programas televisivos que veo- un reportaje interesante. Hablaré de él. Por cierto, que la decisión de no publicidad en Televisión Española es una de las políticas más acertadas que ha tomado el servicio público en los últimos años.  

El espacio al que me refiero es “Comando actualidad”, un programa con formato de reportaje en el que predominan principalmente las entrevistas. En una semana marcada por los malos datos de ocupación laboral, escogieron  un tema interesante: “los jefes”, de distintas áreas.

Me resultó curioso ver cómo diversos tipos de empresarios acudían a un curso de “Coaching”, o dicho en castellano, formación a directivos. Había desde personas que tenían su propio negocio con cinco personas a su cargo hasta los que contaban con ciento veinte empleados.

El “coaching” es lo más en boga que existe si eres directivo o aspiras a serlo. En teoría se trata de que los responsables de las empresas tomen las decisiones justas enfocadas a obtener el mejor rendimiento. No es otra cosa que usar las técnicas adecuadas -salvando los obstáculos y resolviendo los conflictos- para alcanzar los resultados propuestos.

En la práctica no es más que ser un buen jefe. Y eso se consigue-en primer lugar- siendo buena persona. Sé que una empresa se rige por objetivos económicos. Pero no debemos olvidar que las empresas están compuestas por recursos humanos. Y ése, el lado humano, es el que no se debe abandonar.

Y para eso no hacen falta ni cursos, ni estrategias, ni marketing. Que no nos engañen. Un buen patrón es quien dirige con firmeza un barco, pero también es quien adquiere compromisos con su tripulación. Y quien tiene en cuenta sus necesidades. Y quien reconoce que sin ellos no hay tierra a la vista. Se les olvidó tratar el tema principal: la humildad.